La piel, desde la dermis, es ricamente vascularizada a través de las venas, arteriolas y capilares arteriovenosos que aseguran la comunicación entre la sangre oxigenada llegando de los pulmones y la sangre venosa regresando al corazón.
Cuando las pequeñas venas equipadas con esfínteres tienen alteraciones, causan pérdida de la eficiencia de la vasoconstricción de los capilares y por lo tanto una vasodilatación permanente lo que resulta en su congestión.
La rosácea suele ocurrir en las pieles claras o delgadas. Las zonas más afectadas son la nariz, las mejillas e incluso mandíbula y pàrpado inferior.
La rosácea puede extenderse y ser reversible en eventos ocasionales, como la ingestión de alcohol, picantes y comida muy condimentada, emociones fuertes, excesivo calor, uso de medicamentos (corticoides), o cremas no adecuadas para el tipo de piel. Los vasos sanguíneos aparecen como pequeñas lineas en forma de arañitas o raíces y son conocidas como telangiectasias.
Para limitar el riesgo se deben realizar tratamientos faciales con periodicidad, nutrir e hidratar la piel, protegerla con bloqueadores y evitar la exposición a temperaturas extremas, al viento y fuentes de radiación. Se deben evitar productos jabonosos que puedan resecar la piel, cremas grasosas o con lanolina, tónicos con alcohol y tratamientos contra el acné, productos químicos, . En cambio procurar tratamientos hidratantes templados, cremas con silicona, tratamientos con RadioFrecuencia y/o Alta Frecuencia.
En algunos casos se nota un enrojecimiento después del tratamiento facial, pero este efecto desaparecerá en un lapso de 48 horas.
Otro tratamiento popular contra la rosácea es el láser, que provoca una coagulación inmediata, desapareciendo muchos de los pequeños vasos desde la primer sesión pero puede ser necesario acudir a nuevas sesiones después de dos o tres meses. Sin embargo con el láser se corre el riesgo de lastimar la piel provocando quemaduras, hiperpigmentación o despigmentación y cicatrices.



